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“Los migrantes somos nosotros y si hay un sitio donde decirlo es Extremadura”: termina el IX Congreso de Periodismo de Migraciones.

«Los migrantes somos nosotros»: así arrancó en Mérida el IX Congreso de Periodismo de Migraciones, el único del mundo. Diez mesas sobre infancia y juventud migrante, de Canarias y Ceuta a Senegal o Chile.

Un centenar de periodistas y comunicadores de más de 12 países se dieron cita en el Teatro María Luisa en el único congreso de periodismo de migraciones del mundo, que cerró con una entrevista a la ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego: «El periodismo ha sido la última línea de defensa de un sentido común que habla de derechos humanos».

«Los derechos son de todas o no son de nadie. Proteger la narrativa de la infancia es clave para defender nuestro modelo democrático». Con estas palabras abrió Lucila Rodríguez-Alarcón, directora de la Fundación porCausa, el IX Congreso Internacional de Periodismo de Migraciones, celebrado este jueves en el Teatro María Luisa de Mérida. Esta edición estuvo dedicada a la infancia y la juventud migrante, y reunió diez mesas de debate y una entrevista a la ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego. «La simplificación de las migraciones lleva al discurso de odio y a la búsqueda de enemigos, lo que aleja la conversación que realmente nos interesa: el modelo social que deseamos», advirtió Rodríguez-Alarcón.

El alcalde de Mérida, Antonio Rodríguez Osuna fue muy claro: «Los migrantes somos nosotros y si hay un sitio donde decirlo es Extremadura, una tierra que ha sido duramente castigada por la migración».

Miguel Ángel Morales, presidente de la diputación de Cáceres «debemos aprovechar este tipo de espacios donde haya periodistas que cuenten la verdad y que nos hablen de las personas afectadas, alejándose de la instrumentalización». A sus declaraciones le acompañó Ramon Díaz Farias, Vicepresidente Tercero de la Diputación de Badajoz, «En España estamos en un momento crucial de nuestra historia, no porque haya elecciones generales, sino porque entendemos que el periodismo crítico y el periodismo libre debe de actuar sin ninguna mochila que le condicione a contar la verdad y la realidad».

Desde Canarias y Ceuta hasta los campos de refugiados de Grecia, pasando por Estados Unidos, México, Marruecos, Senegal o las elecciones en Chile, la jornada recorrió las principales rutas y coberturas de la migración infantil y juvenil. Una pregunta atravesó todas las mesas: quién cuenta estas historias, y cómo.

Que sean ellos quienes narren

La idea más repetida del día fue que las infancias y las juventudes migrantes deben ser protagonistas de su propio relato, y no solo objeto de la noticia. En la mesa «Jóvenes no acompañados en Canarias: romper el relato», Natalia G. Vargas (Canarias Ahora) lo resumió así: «Los chicos y chicas migrantes no son solo noticia: son lectores también. Hay que apostar por una mirada amplia e intentar hacer un periodismo común para que la infancia sea protagonista. Que se sientan escuchados».

El fotoperiodista Juan Luis Rod, que presentó su fotolibro Travesías, insistió en el método: «Recomiendo mucha escucha, porque si te sientas a hablar con ellos vas a saber cómo enfocar tu historia. Darle mucha escucha y tiempo».

Esa idea tuvo su propia mesa al cierre de la tarde: «De protagonistas de la historia a contarla en primera persona: cuando es la infancia migrante quien narra». En ella, el escritor Javier Zamora, autor de Solito, compartió escenario con la periodista Hamshika Krishnamoorthy, que explicó su necesidad personal de contar su historia después de que dos Estados distintos fueran incapaces de protegerla. Mohamed El Harrak (ExMENAS) cuestionó la intención que hay detrás de un lenguaje deshumanizador como el de la palabra «invasión». Sara Selva (Radio Ambulante) cerró la mesa con un deseo: que haya más migrantes en las redacciones españolas contando sus propias historias.

Ceuta: informar cuando la noticia ya se ha ido

Frente al discurso de odio y la desinformación que circulan sobre la crisis de Ceuta, la mesa «Ceuta: frontera sur e infancia migrante en primera línea informativa» reunió a la periodista ceutí Paloma Fernández Coleto y a tres reporteras que siguieron sobre el terreno cuando el breaking news ya había pasado: Bárbara Ayuso (El País), Gabriela Sánchez (elDiario.es) y Soraya Aybar Laafou (África Mundi), con José Luis Sanz.

Fernández Coleto habló de las familias que todavía lloran a sus muertos sin poder repatriar los cuerpos, de lo difícil que es hacer periodismo en Marruecos, al otro lado de la frontera, y alertó de que «los mensajes de extrema derecha están creando un caldo de cultivo preocupante». Ante el baile de cifras sobre Ceuta, Gabriela Sánchez fue tajante: «En cuestiones de frontera, el Ministerio del Interior, las fuentes oficiales, mienten». Según su experiencia, en crisis anteriores hubo menos opacidad, incluso bajo gobiernos conservadores. Sánchez recordó también la tragedia del Tarajal, en Ceuta, donde en 2014 murieron 15 personas migrantes durante una actuación de la Guardia Civil, y que salió a la luz porque varios medios cuestionaron la versión oficial.

«Hemos tenido problemas con todo tipo de fuerzas de seguridad, pero el patrón común siempre fue el mismo: acoso y derribo contra el migrante», denunció Bárbara Ayuso, que relató casos de acoso a migrantes mientras eran entrevistados, como si no tuvieran derecho a hablar. «Ha sido una cobertura muy difícil», reconoció Soraya Aybar, que señaló las agresiones a periodistas, el desgaste emocional, la lucha a contracorriente para defender el relato humano y la dificultad añadida de cubrirlo siendo mujer. Ese relato humano es el que recoge, por ejemplo, la crónica de una sanitaria en Ceuta.

En la mesa «Del pequeño Aylan a Ceuta: cómo ha cambiado la cobertura de infancia migrante en 10 años», el fotoperiodista Olmo Calvo marcó los límites del oficio: «Nuestro trabajo como periodistas es informar, no cambiar las cosas. Si nuestra información facilita un cambio, genial. Pero no podemos cargar con esa responsabilidad».

El otro lado: los que se van

La mesa «El vacío que dejan los jóvenes que se van» cambió el punto de vista y miró la migración desde el origen. «Cuando se habla de migración, no es solo hacia Europa: la más importante es la interna. Los jóvenes se van a Casablanca, Rabat, Marrakech», explicó Dounia Z. Mseffer, presidenta de la Red Marroquí de Periodistas de Migraciones. «La migración no es solo de los más pobres. Es una migración que concierne a todos los marroquíes, con o sin estudios». Mseffer también señaló a Europa: «Europa tiene una gran responsabilidad en esto. Nuestros países forman a ingenieros, médicos, enfermeros… que después vienen a Europa directamente a trabajar con mejores condiciones. A esos sí los quieren; a los que llegan a Ceuta, no». Es el debate de fondo sobre otro modelo de movilidad laboral.

Salif Sakhanokho (PressAfrik.com, Senegal) puso en valor la aportación económica de la diáspora y el peso de las remesas en muchas economías africanas, especialmente en las regiones donde el Estado está ausente.

Del diagnóstico a la acción

La jornada se cerró con la entrevista del periodista Moha Gerehou a la ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego, bajo el título «¿Dónde queda la juventud migrante entre el periodismo y las instituciones?».

Rego situó el bloqueo en el terreno político: «Quien tiene que tomar la decisión ha decidido desde el minuto uno instrumentalizar la infancia migrante». Y defendió que los medios existen: «Tenemos capacidad, hay muchas plazas y el dinero está, y es tan sencillo como tomar la decisión de trasladar los niños y niñas. Las plazas ya están». La ministra recordó que el 6 de agosto ya había ofrecido 500 plazas y subrayó que «a la gente hay que acogerla con dignidad: niños y adultos».

Sobre Ceuta, fue más allá de las cifras: «Lo de Ceuta no es solamente que hayan entrado muchos seres humanos; lo de Ceuta reordena el modelo de sociedad». Y reconoció el papel del oficio que reunía el congreso: «El periodismo ha sido la última línea de defensa de un sentido común que habla de derechos humanos. Si hay contrarrelato, es por el currazo de periodismo decente».

La ministra también apuntó a los intereses que hay detrás del discurso antimigratorio: «No es que no quieran personas migrantes: quieren personas migrantes sin derechos, para hacer caja. Esto es lo que permite establecer y estratificar las categorías de ciudadanía. Aquí hay mucho negocio con la cuestión de la migración. Hay negocio y una ideología que mantiene ese negocio».

Gerehou recordó que una de cada tres personas que nacen en España tiene ascendencia migrante y que la idea de una España blanca está obsoleta. Rego coincidió en que España es ya un país mestizo y defendió que esa voz diversa se incorpore a la vida pública y electoral, a través del voto, porque representa a la España de hoy. En relación con el proceso de regularización y la juventud migrante, reivindicó el reconocimiento de la ciudadanía como lo básico: «Hay que reivindicar el derecho a la ciudadanía. Lo que se está rompiendo es el derecho a la ciudadanía y, con ello, el acceso a un panel de derechos que van enlazados a la ciudadanía».

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