«Te pagan menos. Tú haces mucho, te pidieron mucho más trabajo porque tú no tienes papeles, porque tú eres extranjero». El testimonio de esta trabajadora migrante resume cómo funciona hoy la movilidad laboral internacional. Es el punto de partida de Movilidad laboral: alternativas para un modelo roto, el informe que porCausa publicó en junio de 2025. Lo firman las investigadoras Cristina Fuentes Lara, Alai Carril Zerpa y Tatiana Makarova.
Imprescindibles, pero desprotegidos
Las personas migrantes sostienen sectores enteros de las economías de destino. Según la OIT, el 68,4% trabaja en el sector servicios, frente al 51,5% de la población no migrante. En España fueron clave para que la economía creciera un 3,2% en 2024, impulsada por el turismo, la agricultura y la industria manufacturera, donde su presencia es especialmente alta. La pandemia dejó claro que sus trabajos son esenciales, pero también lo precarios que son.
No siempre fue así. Entre 1948 y 1973, Reino Unido animó a miles de personas de sus colonias a emigrar para reconstruir el país tras la guerra. En 2018, muchas de ellas, la llamada generación Windrush, perdieron su derecho a vivir y trabajar en el país, y algunas fueron deportadas. Su historia refleja el cambio de las últimas décadas: del «migrantes bienvenidos» a la criminalización.
Un sistema roto por tres lados
El informe identifica tres grandes ejes de desigualdad. El primero es la comercialización del proceso migratorio, en manos de intermediarios que a menudo generan fraude y endeudamiento. El segundo, la retirada del Estado como garante de derechos: renuncia a proteger y se limita a castigar. El tercero, unas leyes que condicionan el acceso a derechos básicos al estatus migratorio.
El resultado es un modelo de «puerta estrecha» basado en empleos temporales que funcionan como herramienta de control. Quien llega depende de su empleador para el permiso, la vivienda y la atención sanitaria, y no puede cambiar de trabajo sin arriesgar sus papeles. A eso se suman la retención de documentos, los descuentos salariales abusivos y la imposibilidad de homologar títulos, que condena a muchas personas cualificadas a trabajos por debajo de su formación. Las mujeres migrantes, concentradas en el trabajo de hogar y los cuidados, lo sufren con más dureza.
Programas que sí funcionan
Para buscar alternativas, el equipo evaluó 46 programas de movilidad laboral en cuatro continentes. De ellos, 8 resultaron altamente exitosos y 17 exitosos. Estos son algunos ejemplos:
- Sin intermediarios. El PALM Scheme australiano y el Employment Permit System de Corea del Sur reclutan solo a través de agencias públicas, y han reducido el fraude y la deuda migratoria.
- Libertad para cambiar de empleo. Los visados Pacific Access Category y Samoan Quota de Nueva Zelanda empiezan con una oferta de trabajo, pero una vez concedida la residencia, la persona puede cambiar de empleador sin perder su permiso.
- Títulos reconocidos desde el primer día. Con el programa Triple Win, las enfermeras llegan a Alemania con su título ya homologado. ChileValora certifica competencias adquiridas fuera del sistema educativo.
- Derechos que viajan con la persona. El modelo de migración circular entre España y Colombia permite sumar las cotizaciones hechas en ambos países.
- Acompañamiento de principio a fin. El programa SaMi, en Nepal, informa antes de partir, forma en oficios demandados y apoya a las familias que se quedan. Bridges to Health, en Vermont (Estados Unidos), acerca la sanidad a jornaleros sin papeles y ha creado huertos comunitarios.
- Gobernanza africana. El Programa Conjunto de Migración Laboral de la Unión Africana, creado en 2015, impulsa acuerdos bilaterales y permite que las asociaciones de trabajadores africanos supervisen las condiciones de sus compatriotas en países como los del Golfo.

Sin soluciones perfectas
El informe no idealiza estos programas. Incluso los mejores mantienen una fuerte dependencia del empleador, garantizan poco la portabilidad de derechos y no siempre permiten homologar títulos. Muchos siguen tratando a las personas migrantes como mano de obra «poco cualificada» o «temporal». Otros parten de enfoques paternalistas que se centran en adaptar a la persona en lugar de cambiar el entorno. La plataforma india eMigrate, por ejemplo, simplifica los trámites pero prohíbe emigrar a las mujeres menores de 30 años.
Aun así, su existencia demuestra que otro modelo de movilidad laboral es posible y que ya está en marcha. Reconocerlo es el primer paso para repensar el sistema, también en España.




