Europa pasó de los muros a las fronteras «inteligentes»: máquinas que analizan rostros y criban poblaciones. Solo en España, las administraciones han adjudicado cerca de 700 contratos y 541 millones de euros en tecnología de frontera desde 2018. Mientras los algoritmos vigilan, centenares de miles de personas esperan que se resuelva su solicitud de asilo.
Imagina que una cámara decide si mientes. Entre 2016 y 2019, un consorcio de empresas y centros de investigación europeos desarrolló el proyecto iBorderCtrl, diseñado para analizar microexpresiones faciales que evaluasen la veracidad de quienes pretenden acceder al territorio europeo. Se ensayó en Hungría, Grecia y Letonia. Centros académicos y de derechos humanos lo criticaron con ferocidad: denunciaron la ausencia de base científica y la institucionalización de la desconfianza y el prejuicio en la gestión de la movilidad humana.
La Comisión Europea no estaba de acuerdo. Para los arquitectos de la política migratoria comunitaria, iBorderCtrl fue un éxito rotundo y un modelo para el futuro. La prueba es la proliferación de experimentos de vigilancia financiados por los mismos fondos europeos, como ROBORDER, que ensayó enjambres de drones autónomos. Varios socios industriales de iBorderCtrl participan hoy en esos nuevos proyectos.
Del muro al algoritmo
Los inagotables recursos de las instituciones comunitarias y nacionales han permitido al conglomerado industrial de la defensa y la tecnología establecer la tercera generación del control migratorio:
- La primera fue la del muro. En 1989 había seis muros fronterizos en el mundo; en 2022 eran setenta y cuatro, y en Europa las vallas superaban ya los 2.000 kilómetros.
- La segunda, la de la tecnificación y la externalización de fronteras: subcontratar a los países de origen y tránsito. España fue pionera con el SIVE, su sistema de radares y cámaras térmicas en la costa, desplegado en 1999.
- La tercera, la del algoritmo. Europa ha inaugurado la era de las fronteras «inteligentes».
La gestión de la movilidad humana se fundamenta hoy en complejos modelos de detección, seguimiento y cribado de poblaciones en movimiento que depositan una parte creciente de las decisiones en manos de una máquina. La agencia europea eu-LISA prepara un sistema biométrico común con datos de más de 400 millones de personas de fuera de la UE. La seguridad personal y los derechos fundamentales quedan reducidos a una función matemática.
El análisis de esta nueva generación es el objeto de Fronteras inteligentes, democracias negligentes, un informe de porCausa y el Centre Delàs que recorre todo el proceso migratorio: desde las regiones de origen hasta el centro de acogida más remoto de los países de destino. Es un sistema que cabalga sobre un proceso exponencial de innovación tecnológica, en colaboración con socios cuestionables como la industria militar de Israel. En Canarias, por ejemplo, la policía y Frontex podrían estar usando el software israelí Cellebrite para volcar el contenido de los teléfonos de migrantes sin orden judicial.
El mismo negocio con otro envoltorio
En un terreno menos innovador, las fronteras «inteligentes» esconden el mismo negocio opaco, concentrado e ideológicamente tuerto que ha caracterizado a la Industria del Control Migratorio en el pasado.
Tomen el ejemplo de España. Según la investigación de porCausa, Centre Delàs y Diari ARA, las administraciones han adjudicado en los últimos siete años no menos de 700 contratos públicos relacionados con este control tecnológico: 674 expedientes que suman 541 millones de euros. Casi la mitad del dinero, más de 238 millones, se adjudicó por procedimiento negociado sin publicidad, es decir, sin concurso abierto. Y el dinero va a muy pocas manos: Telefónica, Thales e Indra concentran casi la mitad del gasto, y Escribano lidera los contratos de control fronterizo directo.
Ceuta y Melilla son el laboratorio. Desde octubre de 2025, la frontera de Melilla ya funciona con reconocimiento biométrico y de huellas. Es la misma valla donde, en junio de 2022, se produjo la masacre de Melilla: ninguna tecnología la evitó.
Lo que ningún algoritmo resuelve
A donde no ha llegado la robotización de la gestión migratoria es al campo de la protección de derechos. Ningún algoritmo ha logrado desbloquear, por ejemplo, el colosal atasco de las solicitudes de asilo, que mantiene en el limbo a centenares de miles de personas en Alemania, España o Italia.
Cuando la tecnología sí se aplica al asilo, los resultados inquietan. Alemania usa un sistema de inteligencia artificial para identificar el dialecto de los solicitantes y verificar su origen. Acierta en el 80 % de los casos, y sus errores pueden suponer la denegación. En España, el sistema policial de reconocimiento facial ABIS, de Thales, maneja más de cuatro millones de registros sin auditoría pública.
El caballo de Troya
Sería ingenuo pensar que el problema termina donde acaba la frontera. La tiranía tecnológica que hoy padecen los migrantes es el caballo de Troya de un modelo que llegará a otros colectivos considerados una amenaza para el consenso de la seguridad. Las tecnologías que hoy clasifican migrantes pueden clasificar mañana a cualquier ciudadano.
Pero, como señala el informe, no se trata de renunciar a la tecnología, sino de gobernarla. Por eso es fundamental que los avances tecnológicos se sometan al control de normas e instituciones democráticas. Hay un precedente: en septiembre de 2025, el Tribunal Supremo reconoció por primera vez, a petición de Civio, el derecho a conocer el código fuente de un algoritmo público. Ese principio aún no se aplica a los sistemas migratorios.
Ordenar la frontera exige imponer transparencia, garantizar control humano, establecer auditorías independientes y devolver la decisión al ámbito político. La tecnología puede servir a la democracia solo si la democracia conserva la capacidad de decir «no» y «cómo».
Para conocer más sobre tecnología de frontera, echa un vistazo al especial interactivo de porCausa con Diari ARA ‘¿Quién controla las fronteras españolas?’. También puedes consultar el informe `Fronteras inteligentes, democracias negligentes´, elaborado junto a Centre Delàs. Gracias por apoyar nuestra labor.





