Estamos sobrecargadas. Sobre todo de información negativa y apocalíptica. También de actividades y responsabilidades de todos los tipos. Tenemos que parar esta sobrecarga y no sabemos cómo. Traigo buenas noticias: se puede.
Justo antes de la toma de posesión de Trump, el lingüista George Lakoff publicó su manifiesto para mantener viva la democracia. Es una lista de 17 puntos que merece la pena leer entera, pero hay tres que resumen el espíritu de todo: protégete de la información negativa, cultiva la empatía y construye relaciones de amor y comunidad. Tres cosas que suenan sencillas y que sin embargo son el antídoto más eficaz contra el miedo y la polarización.
En el plano de la política internacional es verdad que están pasando cosas muy tristes, pero se vislumbran cambios que merecen atención. En Nueva York, Zohran Mamdani lleva cinco meses como alcalde y ha logrado lo que muchos consideraban imposible: equilibrar un presupuesto de 125.000 millones de dólares tras heredar un déficit de 12.000 millones, subiendo impuestos a los más ricos y congelando alquileres protegidos, sin sacrificar los servicios sociales que prometió proteger. Todo esto como resultado de un triunfo electoral sin precedentes gracias a una campaña construida sobre el amor, la comunidad y la lucha contra la desigualdad. Algo parecido está pasando en Reino Unido donde el Partido Verde, liderado por Polanski desde 2025, se sitúa segundo en intención de voto con una propuesta clara: acabar con la desigualdad invirtiendo en políticas públicas y mejorando la redistribución. Comunidad y amor también en el centro de su narrativa.
Y el amor como acto político no es solo cosa de gobiernos. En el Super Bowl de febrero, ante la mayor audiencia televisiva del planeta, Bad Bunny proyectó en pantalla una frase que se convirtió en titular: «Lo único más poderoso que el odio es el amor.» No tiró insultos, no se burló de nadie. Simplemente mostró su cultura y su orgullo latino ante el mundo. En el escenario más grande de Estados Unidos, eligió el amor como forma de resistencia.
Y en esa misma línea el Papa León XIV acaba de publicar su primera encíclica, cuyo capítulo quinto se titula: «La cultura del poder y la civilización del amor». Que un lingüista, un alcalde socialista y un artista de reggaeton coincidan en el mismo mensaje no parece casualidad.
Pero aparte de todas estas informaciones macro, nuestra vida se construye en espacios mucho más cercanos que toda la sobrecarga informativa no nos deja ver. Lo grande siempre empieza en algún lugar pequeño. En porCausa celebramos la llegada de la pequeña Rita a nuestro mundo. Celebramos a toda la gente nueva que se une a nuestro equipo de voluntarios y voluntarias y llena la oficina de vida y energía. Familias donde todo el mundo está bien, amigas que se pusieron malas pero al final no es tan grave, hijos que aprueban todo. Pequeñas grandes noticias que a veces no valoramos y que tienen muchísima importancia.
Porque la vida no es la suma de las catástrofes que nos cuentan. La vida es cada momento vivido. Ese picnic en un parque donde te abrazas a tus amigas, esa comida familiar donde compartes cariño y no conflictos, ese paseo por tu ciudad, tu playa, tu pueblo, el campo, ese concierto o fiesta de pueblo. Todo lo que te abre el alma y justifica tu existencia.
Así que ya sabes lo que toca. Apaga el ruido un momento. Llama a alguien que quieras. Sal a la calle. Construye desde lo que tienes cerca. Porque resulta que eso, lo de siempre, lo de toda la vida, es también lo más revolucionario que puedes hacer.


