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Qué ha pasado en Ceuta en 500 palabras

Madrid y Rabat coinciden en culpar a las redes de trata. Las fuentes a las que ha tenido acceso porCausa apuntan a los servicios de inteligencia marroquíes y a una investigación periodística que Rabat quería enterrar.

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Coordinador del área de periodismo de investigación de la Fundación porCausa

La crisis que sacudió Ceuta a finales de julio de 2026 es también la expresión más extrema de una política construida durante décadas: la externalización de las fronteras europeas. Entre el 30 y el 31 de julio, más de 70.000 personas cruzaron desde Marruecos hacia la ciudad española, desbordando los dispositivos de recepción y seguridad y abriendo una crisis humanitaria, social y política que un mes después todavía continúa. Las autoridades españolas sostienen que no se trató de una intervención directa del régimen marroquí. Las fuentes de inteligencia de porCausa dicen lo contrario: Rabat diseñó y ejecutó la crisis de Ceuta, pero perdió el control de la situación. Murieron al menos 141 personas. No es la primera vez que Marruecos comete un “error de cálculo”. Tampoco es la primera vez que el régimen marroquí pone en jaque a Ceuta y al gobierno de España.

El episodio vuelve a mostrar los riesgos de haber convertido a Marruecos en guardián adelantado de la frontera española y europea. Esta historia de chantaje migratorio no es nueva. España y la UE llevan años financiando, equipando y formando a fuerzas de seguridad de países africanos para impedir que quienes migran lleguen al territorio europeo. Llevamos años documentando la entrega de cientos de vehículos, drones, embarcaciones y otro material a Marruecos, Mauritania, Senegal, Mali y otros países. El coste humano de la externalización de fronteras es inmensurable. Hemos documentado detenciones, expulsiones y abandonos de migrantes en zonas desérticas de Marruecos y otros países financiados por Europa. También los graves abusos en la frontera de Melilla el 24 de junio de 2022, en una operación de nuevo instigada por las fuerzas marroquíes. Murieron más de 100 personas.

La externalización de fronteras genera además una dependencia política: quien controla la salida hacia Europa adquiere capacidad de presión sobre quien quiere impedirla. Ceuta ya lo comprobó en mayo de 2021, cuando más de 10.000 personas entraron después de que España acogiera al líder del Frente Polisario, Brahim Ghali. Tuvimos acceso a informes secretos del CNI que detallan que Marruecos abrió la frontera como parte de una estrategia de presión vinculada al Sáhara Occidental. La crisis desembocó en meses de tensión diplomática e incluso en cesiones de soberanía: Rabat pidió el despido de la ministra de Exteriores, Arancha González Laya, y una vez más, el Gobierno español cedió.

Ceuta 2021, Melilla 2022 y Ceuta 2026 muestran así la principal contradicción del modelo: Europa ha desplazado su frontera hacia el sur para sentirse más segura, pero al hacerlo ha trasladado también una parte de su soberanía fronteriza a gobiernos de los que después depende. La externalización de fronteras ha creado una peligrosa asimetría: mientras las democracias europeas temen el coste electoral de cada crisis migratoria, regímenes como el marroquí pueden provocarlas o contenerlas a voluntad, convirtiendo la desesperación de las personas migrantes en poder político frente a España y Europa.

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