Leer la Tribuna original en InfoLibre: Otro éxito de los empresario del miedo
Hace dos semanas la autora publicaba «Los empresarios del miedo«, sobre cómo ciertos grupos de poder explotan la incertidumbre social fabricando un «otro». Lo ocurrido en Ceuta es la demostración de ese éxito: otra victoria más a costa del sufrimiento extremo de unos y de la ingenuidad de otros.
El relato arranca con una llamada de la COPE y una conversación con un amigo de Castillejos. La situación al otro lado lleva meses siendo insoportable: militares por todas partes, detenciones arbitrarias, gente subida a autobuses y abandonada a 1.000 kilómetros en bañador y chanclas. Aparecen cuerpos ahogados a diario, el cementerio de personas sin identificar crece y la morgue está desbordada. Nada de esto sorprende: en 2024, el equipo de periodismo de porCausa dirigido por José Bautista participó en una investigación que documentó los abandonos sistemáticos en el desierto practicados por Marruecos, Mauritania o Túnez con apoyo de España y la UE. La externalización del control migratorio a países que no respetan los derechos humanos funciona: los cruces irregulares desde África cayeron un 42,6% en 2025 y un 24,7% adicional hasta el 15 de julio de 2026, según Interior.
Cuando los cruces a Ceuta no llegaban aún a 1.500 personas, ya estaba claro que aquello no era un proceso migratorio convencional. El histórico no engaña: en mayo de 2021 entraron más de 10.000 personas en dos días. No es migración, es una estrategia de manipulación que utiliza a la población marroquí como arma arrojadiza. El jueves, Interior estimó en 72.000 los participantes de la marcha; en pocas horas casi todos habían regresado, dejando unas 2.000 personas en el lado español y un mínimo oficial de 100 muertos —con toda seguridad muchos más, porque nunca conoceremos las cifras reales de cadáveres recogidos por Marruecos ni de desaparecidos.
¿Quién moviliza a esa multitud para una marcha mortal? Los empresarios del miedo. Llamar «crisis migratoria» a una invasión civil temporal ya es producto de esa intoxicación. Lo lógico habría sido una respuesta unánime y un debate sobre cómo la UE protege sus fronteras respetando el derecho internacional; en su lugar hemos acabado discutiendo si España es mora o cristiana, algo que nos deja vendidos a nosotros y a todos los países fronterizos de la Unión. La autora lanza la pregunta espejo: ¿cómo reaccionaríamos si 50.000 civiles ucranianos marcharan sobre Polonia, o si cruzaran 50.000 desde Libia a Italia?
Frente a la manipulación, propone entender de dónde viene y no dudar de que son más —»They have the money. We have the people», en palabras de Bernie Sanders—, construir resistencia con cabeza (los 17 puntos del manifiesto de George Lakoff como inspiración) y reivindicar el descanso como forma de activismo: «nos quieren cansadas, tristes, hiperconectadas y desorientadas». El amor, concluye, es hoy el acto político más subversivo.





