España es una pieza fundamental de la frontera sur de Europa. Por tierra, mar y aire el Gobierno español despliega tecnología punta –radares, drones, cámaras especiales…– para impedir la llegada de migrantes y reforzar el control migratorio. Mucha gente piensa que esto no va con ellas, sino con “los otros”, es decir, personas que migran sin alternativa segura y que viven inmersas en realidades extremas y aparentemente lejanas, como quienes suben a un cayuco o saltan las vallas de Ceuta y Melilla.
Se equivocan.
El control migratorio en general, y la tecnología de frontera en particular, funcionan como un caballo de Troya por el que un reducido grupo de multinacionales, sobre todo del sector armamentístico, y hasta compañías de Israel especializadas en ciberespionaje, acceden a lo más profundo de democracias consolidadas como la española. Esta realidad va mucho más allá de los derechos de quienes se juegan la vida en el mar o sobreviven en nuestro país con miedo por no tener papeles.
¿Viajaste a algún país no europeo el verano pasado o en Navidad? Al pasar por el aeropuerto de regreso a casa sucedieron cosas que no viste y que deberían preocuparte. Después de aterrizar, tuviste que mostrar tu pasaporte y tu rostro a un kiosco de diseño futurista. Sin saberlo, compartiste algunos de tus datos personales más sensibles con un mínimo de tres empresas armamentísticas españolas y extranjeras: INETUM, Thales, ATOS e INDRA. En este proceso también intervino la tecnológica japonesa NTT Data. ¿No te suena esta empresa? Es la protagonista de la crisis de los cribados médicos en el sistema público de salud de Andalucía.
Si hubo algún problema al leer tu DNI o pasaporte, seguramente tuviste que plantarte ante un agente de la Policía Nacional y este comprobó tu identidad. Lo hizo usando un dispositivo de Excem, una empresa que comercializa material de seguridad israelí. Su presidente, David Hatchwell, ha financiado campañas electorales de Benjamín Netanyahu. Esta no es la única empresa ligada a Israel que interactúa con tus datos sensibles en el aeropuerto. Aquí también juega un papel destacado DARS, que vende tecnología israelí en España y está dirigida por el Avi Korenblum, ex agente del Mossad. El producto estrella de esta compañía es un sistema de Inteligencia Artificial cognitiva.
Un reducido grupo de empresas, plagadas de ex altos cargos del Estado, se lucran con todo esto. En porCausa tenemos un nombre para esto: Industria del Control Migratorio.
En porCausa llevamos años investigando todo esto. No es fácil. A la falta de recursos se suma que, a menudo, el gobierno guarda bajo secreto los contratos con estas empresas y su detalles. Los periodistas también tenemos vetado el acceso a otros aspectos críticos de esta historia, como el código de los sistemas de Inteligencia Artificial que España ya usa en sus fronteras. La mayoría de estos contratos se adjudican sin concurso público. En el altar de la “seguridad fronteriza” caben todo tipo de sacrificios, incluidos los principios de igualdad, transparencia y competencia que deberían regir la contratación pública en un Estado de derecho.
La sociedad española ya se ha acostumbrado a las imágenes de personas africanas desesperadas a bordo de un cayuco frente a las costas de Canarias. La realidad de estas personas es tan extrema y dolorosa, tan difícil de creer y entender, que a muchos ciudadanos les cuesta empatizar con su sufrimiento.
Esa apatía es terreno listo para la entrada de otro caballo de Troya.
Un ejemplo: Cada vez que un migrante llega a Canarias en cayuco, la Policía Nacional le retira su teléfono y le enchufa un programa israelí llamado Cellebrite. Este software permite acceder por la fuerza al contenido del teléfono, sin necesidad de código PIN ni patrón de desbloqueo. Si un agente de Policía quiere acceder a tu móvil –al tuyo, ciudadano o ciudadana española–, solo puede hacerlo con autorización judicial previa. De esta forma se protegen derechos constitucionales y humanos, como el de la intimidad. En España ya hay una excepción: los migrantes. Decía Nelson Mandela que “donde no hay derechos humanos, no hay democracia”. Dice Lucila Rodríguez-Alarcón, directora de porCausa, que “los derechos son universales o no son”. Del refranero popular: “cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar”.
Hablando del programa israelí Cellebrite: España regala ese software a las autoridades de Mauritania, una dictadura con la que Madrid y Bruselas cooperan a todos los niveles para frenar la salida de cayucos hacia Canarias. El sufrimiento humano fruto esta cooperación es incalculable y poco conocido.
¿Una historia de ‘luditas’?
Con cada cambio tecnológico drástico surgen voces en contra del progreso tecnológico. Esto no es nuevo. A principios del siglo XIX, en plena revolución industrial, algo así le pasó a los artesanos textiles en Inglaterra. Vieron que los telares mecánicos destruían sus empleos y se pusieron a romper máquinas. A estas personas se les llamó ‘luditas’.
La tecnología es una herramienta que puede cambiar vidas, para bien o para mal. Son decisiones políticas las que establecen qué uso hacen las autoridades de estos avances. En materia migratoria, España y otros estados apuestan abiertamente por la represión. Las autoridades emplean la tecnología para frenar y encarcelar a quienes migran, apuntalar a los autócratas que los reprimen sin compasión y ocultar abusos que serían un escándalo a ojos de nuestra sociedad.
Quedan fuera de la lista de prioridades muchos otros aspectos que gracias a la tecnología, mejorarían la vida de las personas migrantes y de las sociedades en que viven. Por ejemplo, los avances tecnológicos podrían acelerar la tramitación de visados y solicitudes de residencia, gestiones que actualmente son casi imposibles –ejemplo: la oficinas de la Administración Pública están saturadas, hasta el punto de que ya hay un lucrativo mercado paralelo de citas de Extranjería–. Sin ir más lejos, la tecnología podría salvar miles de vidas en el mar o facilitar la persecución de quienes explotan y esclavizan a extranjeros en los campos de El Ejido o Valencia. ¿Por qué no?
Para conocer más sobre tecnología de frontera, echa un vistazo al especial interactivo de porCausa con Diari ARA ‘¿Quién controla las fronteras españolas?’. También puedes consultar el informe ‘Fronteras “inteligentes”, democracias negligentes’, elaborado junto a Centre Delàs. Gracias por apoyar nuestra labor.


